PALOMITAS Y ACCIÓN
Por José Antonio Díaz Dominguez

QUEEN & SLIM.

Los aires trascendentales de este thriller ahogan parte de sus posibilidades, quedándose en una película con luces y sombras revestida de un prescindible tono pretencioso. Podría haber aprovechado mejor su argumento sin necesidad de llegar a los 130 minutos de metraje. La historia de una larga huida en clave de road movie se desarrolla de manera irregular, en la cual se ligan incidentes intensos con otros insípidos y de menor interés.

Queen y Slim se han citado en un restaurante tras conocerse a través en una red de contactos. Nada hace presagiar lo que va a sucederles: la policía detiene su coche al observar una extraña maniobra en la conducción. De forma totalmente inesperada esa situación terminará con dos disparos, uno de ellos mata al agente que les había obligado a parar. A partir de ese instante ambos emprenderán un viaje sin retorno, convirtiéndose en héroes para muchos afroamericanos, mientras las fuerzas del orden les pisan los talones.

La huida (1972) y Bonnie y Clyde (1967) parecen referencias inspiradoras de esta intriga cuyo punto fuerte radica en la caracterización de sus protagonistas. Apoyándose en estos personajes, el film vincula la trama a una denuncia contra el racismo y otras injusticias sociales, a la vez que incorpora un romance de tintes poéticos en circunstancias extremas. Quiere abarcar demasiado y se queda a medio camino, culminando con un desenlace previsible y exagerado en su escenificación.

Al servicio de esos propósitos escuchamos una banda sonora que alcanza a tener una relevancia destacada en determinados momentos, bien enfatizando los mensajes de unas imágenes duras y un tanto excesivas o ya reforzando sus evocaciones líricas.

Pese a lo apuntado, siendo la ópera prima de la directora Melina Matsoukas, con una consolidada trayectoria como realizadora de videoclips, se debe reconocer la apreciable factura técnica que recorre la cinta de principio a fin, completando un debut al menos prometedor.

Encabezan el elenco Daniel Kaluuya (Viudas, Déjame salir) y Jodie Turner-Smith, una actriz poco conocida y que eclipsa a su compañero de reparto, demostrando una personalidad que seguramente le deparará papeles importantes. Del rol de secundarios apenas destacan las pequeñas participaciones de Indya Moore y Bokeem Woodbine.


LLAMADA DE LO SALVAJE.

No pasa de un entretenimiento juvenil que mejora poco las versiones anteriores de la novela original de Jack London. La inversión ha sido muy superior (por encima de 125 millones de dólares), pero el hecho de haber dedicado una porción importante del presupuesto a los efectos digitales, que alcanzan incluso a la creación de los animales, le resta verosimilitud y contrasta abiertamente con los entornos naturales en que se sitúa la acción.

Buck es la mascota malcriada del juez Miller. Reside en una espaciosa mansión de California donde se mueve a sus anchas. Eso cambia por completo el día que dos malhechores lo raptan con el propósito de venderlo a algún buscador de oro en las gélidas tierras de Yukón. Allí vivirá experiencias de todo tipo, como formar parte del trineo que entrega el correo o convertirse en el inseparable compañero de un hombre solitario y amargado.

Se percibe claramente que los 20th Century Studios (antes Fox) han pasado a ser una filial de Disney, dado que el film responde plenamente a las señas de identidad de sus producciones familiares de tono clásico y bienintencionados mensajes. No obstante, encontramos una historia irregular en diferentes aspectos.

El relato se resiente de ligeros altibajos. Así, superados sus preámbulos, se muestra particularmente ágil e intenso durante los compases iniciales, cuando el protagonista debe integrarse en un equipo de tiro con otros canes y van surgiendo diversos contratiempos visualmente bien resueltos. Sin embargo, pierde parcialmente esa fuerza en los siguientes minutos.

Aun tratándose de una compañía cuyas películas han estado a la vanguardia en los apartados técnicos, aquí se echa en falta un acabado más realista o la participación de perros auténticos, porque asistimos a varias secuencias que evidencian demasiados artificios en un afán por ganar espectacularidad. Lo contrario sucede con las bellas imágenes panorámicas de los paisajes en que discurre la aventura.

La presencia de Harrison Ford, cuyo personaje adquiere peso únicamente en el último tercio, confiere entidad al reparto y básicamente constituye un gancho para la taquilla. Prácticamente al mismo nivel, se mueven Omar Sy y Cara Gee, que intentan compenetrarse con los diseños infográficos.


HOMBRE INVISIBLE.

Universal se propuso hace unos años remozar sus clásicos del terror y al parecer el estrepitoso fracaso de La momia (2017) sirvió de advertencia. Ahora, aliándose con Blumhouse Productions, exitosos renovadores del género, presenta esta digna revisión del hombre invisible. Se ha sabido actualizar la historia concebida por H.G. Wells y construir una intriga intensa, que propone argumentos asumibles sin renunciar a su esencia, ni pretender disimular los elementos puramente ficticios.

Cecilia Kass logra escapar de la lujosa mansión de su novio, un reputado científico que la maltrataba y controlaba hasta extremos insospechados. Esa súbita ruptura acabará con el suicidio del joven millonario. Sin embargo, cuando cree que puede respirar tranquila empieza a percibir los indicios de una extraña presencia amenazadora que se irá materializando de las formas más insospechadas, poniendo en el punto de mira a sus seres queridos.

La película sabe manejarse en los terrenos de la tensión y no tanto del susto tópico, componiendo una trama muy inquietante que va complicándose y sorprendiendo con circunstancias inesperadas. Inevitablemente, encontramos detalles que cuesta aceptar desde una perspectiva de pura lógica, aunque su recorrido es limitado. También se excede ligeramente en las secuencias de acción que toman la pantalla en el tramo final, aspectos que no estropean el resultado global.

Su director, Leigh Whannell, ejerce de guionista al igual que hizo en Saw (2004) e Insidious (2010), y ha reescrito el relato de siempre inspirándose en referencias tan actuales como la violencia de género, auténtico leitmotiv del film, de la cual enfatiza su carácter opresor y asfixiante, lo que se ajusta perfectamente a las intenciones del largometraje.

Los efectos visuales están tratados con mesura, evitando abusar de esos recursos y caer en exageraciones demasiado chocantes.

Elisabeth Moss le toma la medida al papel y completa un notable tour de force de principio a fin interactuando con la nada. El resto de actores se mueve a su alrededor sin ensombrecer su trabajo: Harriet Dyer, Aldis Hodge y Storm Reid.

No tendrá el impacto de la original, pero indudablemente se deja ver.


GENTLEMEN.

El director británico Guy Ritchie vuelve a la senda del cine que le proporcionó sus primeros éxitos (Lock & StockSnatch. Cerdos y diamantes) y lo hace con una película de altura partiendo de un guion del propio cineasta. Presenta un thriller coral con unos personajes perfectamente definidos y una atrevida y original estructura narrativa que inicialmente desconcierta, si bien pronto destapa su calculada precisión. El humor negro y los giros inesperados recorren una intriga nada previsible donde la acción se ha dosificado convenientemente.

Mickey Pearson lleva años traficando con marihuana, al punto de construir un pequeño imperio. Ahora está dispuesto a retirarse y pretende traspasarle el negocio a un tipo de su misma calaña por 400 millones de libras esterlinas. Sin embargo, el posible acuerdo se ve amenazado cuando un grupo de jóvenes asalta sus instalaciones clandestinas. Alguien que conocía ese emplazamiento le ha dado un golpe bajo para obligarle a abaratar el precio de la venta y son muchos los sospechosos.

Desde el principio la puesta en escena y los diálogos aparecen imbuidos de una sutil y eficaz ironía; particularmente de la mano de un periodista de investigación extravagante que sirve de eje vertebrador al relato, cuyo desarrollo lo aproxima a un inquietante juego en el cual la incertidumbre por saber quién ganará aumenta a medida que se precipitan los acontecimientos.

Paulatinamente va introduciendo nuevas figuras dentro de esa ingeniosa tela de araña que despliega, en la que los distintos participantes siempre alcanzan a tener un peso determinante. Y es que cada uno de ellos cumple un papel decisivo en algún momento de una historia que sorprende hasta el final.

Se debe señalar la estudiada planificación de las secuencias, el sobresaliente montaje, que permite materializar el film de forma completamente inteligible y el elegante vestuario.

Resulta difícil destacar a un solo miembro del reparto porque todos rinden a un nivel excepcional, con especial mención a las aportaciones de Hugh Grant y Charlie Hunnam (Z. La ciudad perdida), a quienes se unen Matthew McConaughey, encabezando el elenco y un pintoresco Colin Farrell.

Estamos ante un estreno muy notable que no defraudará a los amantes del género.


ESPECIALES.

La desinteresada humanidad que recorre esta película, unida a la manera de acercarnos a los problemas de jóvenes con autismo, la hacen sobradamente merecedora de atención. Los artífices de la premiada Intocable (2011) presentan este film que bien podría emparentar con Campeones (2018); aunque aquí el humor no constituye un pilar del relato, porque su puesta en escena busca ser realista a la hora de retratar el día a día de esas personas, lo cual no impide que ocasionalmente afloren notas cómicas. Tampoco pretende regodearse en las lecturas dramáticas, pero inevitablemente las emociones están siempre a flor de piel.

Bruno y Malik llevan muchos años a cargo de dos organizaciones dedicadas a acoger a niños con diferentes trastornos de comunicación social. Estas asociaciones carecen de permisos oficiales y se mantienen gracias a la buena voluntad de quienes colaboran con sus fines y se comprometen a participar en unas tareas ciertamente delicadas. Sin embargo, la Administración no ve con buenos ojos esas actividades carentes de autorizaciones y supervisión, lo que hace peligrar su continuidad.

La historia se compone de una sucesión de incidencias y anécdotas que surgen en torno a determinados casos significativos y suficientemente elocuentes para proporcionar una visión de conjunto de este universo. Además, el guion acierta a introducir circunstancias que nos dan una idea muy exacta de la capacidad de sacrificio de estos altruistas anónimos.

Poniendo énfasis en esos cuidados, sabe poner en valor una labor impagable, infinitamente agradecida por las familias de los chicos, y no renuncia a incorporar aspectos secundarios esenciales, algunos de carácter particular que arropan su discurso central. También se muestra corrosiva al denunciar el afán de control de las autoridades, incapaces de ver más allá de la prolija burocracia sanitaria y cuya percepción encorsetada del mundo choca con la realidad, imposible de reconducirse a unas normas generales y complejas en las que no se contemplan excepciones.

Vincent Cassel se despoja de cualquier atisbo de glamour y transmite una total implicación con su afable papel, al que dota de enorme naturalidad. Algo parecido cabe decir de Reda Kateb. No obstante, habría que brindar un reconocimiento especial al formidable trabajo del nutrido elenco de actores que completan el reparto, en su mayoría no profesionales y próximos a sus personajes.

Estamos ante un estreno que no debe pasar desapercibido; desde luego, no deja indiferente.