LAS AGUJETAS
De Antonio Javier Trujillo [Fisioterapeuta y Osteópata]

El dolor muscular de aparición tardía o agujetas, como se le conoce habitualmente, es aquel dolor músculo-esquelético, que aparece tras la realización de un ejercicio físico de cierta intensidad al que no estamos acostumbrados.

Pero, ¿a qué se deben las agujetas? ¿Por qué aparece esta incómoda molestia cuando realizamos un ejercicio intenso?

Durante mucho tiempo, se pensó que su aparición era debida a la acumulación de ácido láctico en el músculo, un desecho producido como consecuencia del metabolismo celular, que al cristalizar en el tejido muscular provocaba el dolor.

Sin embargo; y a partir de estudios posteriores, en la actualidad se piensa que las agujetas se originan como consecuencia de microroturas, de aquellas fibras musculares que no están preparadas para soportar la actividad a la que se las somete. Esto justificaría el hecho de que una vez asimilado el ejercicio a una intensidad dada, éstas no vuelvan a aparecer.

Si bien existen otras teorías que pretenden explicar este fenómeno, la anteriormente expuesta es la más aceptada en la actualidad.

De esta forma, aquellas fibras (células) musculares incapaces de soportar un determinado ejercicio, se “romperían”; sobreviviendo en mayor número aquellas fibras capaces de soportar la intensidad del ejercicio al que han sido sometidas, lo que permitiría a su vez un aumento del número (hiperplasia) y/o un aumento del tamaño (hipertrofia) de estas últimas. Dicha circunstancia, acaba provocando lo que macroscópicamente identificamos como un aumento del volumen muscular.

Las agujetas suelen aparecer entre las primeras 12 y 24 horas posteriores a la realización del ejercicio, pudiendo agravarse éstas en algunos casos a las 48 horas. Su intensidad es variable y además del dolor característico que todos conocemos, pueden ir asociadas a acortamiento muscular con sensación de tensión o tirantez (dolor al estiramiento), aumento de la sensibilidad en la región, tumefacción y pérdida relativa de la fuerza muscular.

En general, el dolor muscular de aparición tardía, no requiere de un tratamiento especial para su recuperación, siendo éste pasajero. Sin embargo; el reposo relativo, la aplicación de masaje y estiramientos suaves, los baños de contraste y el calor local (seco o húmedo), pueden mejorar la recuperación, acelerándola hasta cierto punto y reduciendo la sintomatología.

Finalmente, cabe destacar que, dado que las agujetas aparecen al llevar al músculo a una situación para la cual no está “optimizado”; la aparición de éstas nos permitirá identificar el estado en que se encuentra nuestro sistema muscular y cuál es la intensidad adecuada a la que debemos trabajar con él, permitiéndonos a su vez una mejor programación del entrenamiento, y por ende; una mejor prevención de las lesiones de mayor gravedad.


YOGA TERAPÉUTICO
De Mª Ángeles Nieto Vega [Fisioterapeuta y Osteópata]

Cuando hablamos de Yoga, nos referimos a un término en sánscrito que significa “unión”, originariamente unión entre nuestro espíritu con lo absoluto.

En yoga existe un trabajo tanto físico como mental en el que por medio de diferentes tipos de asanas (posturas), pranayamas, Kriyas (limpieza), canto de mantras y meditación entre otros, intentaremos llegar a un estado de equilibrio y bienestar físico y emocional.

El yoga tiene múltiples beneficios: regula la energía corporal, mejora la concentración, aumenta la capacidad respiratoria, la fuerza y la flexibilidad física, alivia el dolor corporal, mejora la postura, tonifica muscularmente el cuerpo...

En Axio nos hemos especializado en la práctica de un yoga más físico, donde la presencia de disfunciones corporales es tenida en cuenta a la hora de la práctica. Lo hemos denominado yoga terapéutico, atendiendo a las necesidades individuales de cada uno y haciendo modificación de las asanas convenientes para una correcta ejecución de las mismas.

La propuesta tiene su origen en un conocimiento profundo de la anatomía y biomecánica del cuerpo. Atendiendo a las necesidades y dificultades de cada persona, nos dedicaremos especialmente a adaptar la asana en cuestión con el objetivo de obtener la correcta ejecución de la misma sin ningún tipo de dolor, sin riesgo de lesión y con adaptación a las características del paciente.

Si bien es cierto que debemos desarrollar nuestro lado yang (el más físico), no olvidaremos trabajar el yin (más mental); el cual no solo lo desarrollaremos con meditación o canto de mantras sino que a través de la concentración en el mantenimiento de una asana y la isometría muscular en la profundidad del ejercicio, podemos a llegar a desarrollarlo y encontrar equilibrio somato-emocional.

Para la adaptación de las asanas no solo utilizaremos nuestro cuerpo sino que nos ayudaremos de cinturones de yoga, tacos, aros, feet-up para realizar posturas invertidas sin dolor...


EL SÍNDROME SUBACROMIAL
De Antonio Javier Trujillo [Fisioterapeuta y Osteópata]

El síndrome subacromial, también llamado síndrome de impactación, síndrome de pinzamiento o impingement subacromial, consiste, tal y como su nombre indica; en un conjunto de síntomas (“síndrome”) asociados a una afectación de los elementos situados bajo el acromion (“subacromial”).

Pero para entender mejor qué es realmente el síndrome subacromial y qué problemas acarrea, antes debemos dejar claros algunos conceptos anatómicos y biomecánicos en relación con la articulación del hombro.

Desde un punto de vista óseo y sin entrar en demasiados detalles, el hombro o articulación glenohumeral, está constituido por dos huesos principales: el húmero en su porción superior y la escápula u omóplato en su porción glenoidea. Las superficies articulares de estos dos huesos toman contacto y permiten la movilidad principal de la articulación del hombro. La escápula, además, presenta una prolongación ósea llamada acromion que se sitúa en su parte superior y anterior, que como si de un “sombrero” se tratase, cubre a la articulación por encima. Si tocáis con vuestros dedos la parte superior de vuestro hombro, percibiréis una pequeña prominencia ósea. Este es vuestro acromion.

Para que este conjunto se mueva, es necesaria la actuación de múltiples músculos con diversas funciones específicas. Los músculos rotadores del hombro (supraespinoso, infraespinoso, redondo menor y subescapular), que se insertan en la escápula y cuyos tendones se prolongan hasta el húmero, pasando bajo el acromion; cumplen una función muy importante en la mecánica articular del hombro. En concreto, se encargan de estabilizar la articulación durante el movimiento, traccionando del húmero y fijándolo a la escápula, estableciendo así un punto de pivote sobre el que el resto de los músculos -más potentes-, realizarán el movimiento principal.

Como acabamos de mencionar, los tendones de estos músculos, -a los que se conoce de manera general como “manguito de los rotadores”-; pasan justamente por debajo del acromion, a través de un espacio que se conoce como espacio subacromial.

En condiciones normales, estos tendones disponen de un cierto espacio para moverse y cuentan con la protección de una pequeña bolsa llena de líquido llamada bursa subacromial, que limita el roce entre éstos y el acromion. Sin embargo; cuando por diversas circunstancias, se produce un compromiso de espacio entre los diferentes elementos mencionados, comienzan a generarse una serie de síntomas entre los que se encuentran: dolor en el hombro y en el brazo, limitación de la movilidad, “chasquidos” articulares, inflamación local, y a la larga; sobrecarga muscular de los músculos implicados y adyacentes y bloqueo de la articulación en los casos más graves.

Estos síntomas no son más que la consecuencia del roce continuado del hueso sobre los elementos subacromiales (bursa y tendones) que, con el tiempo, acaban inflamándose; limitando su correcta función. Partiendo de esta premisa, se puede inferir que la causa originaria de este síndrome puede venir de lejos y, por tanto, no generar síntomas hasta que la fricción continuada sobre las estructuras implicadas llega a producir un daño real sobre éstas.

Pero ¿por qué ocurre esto? ¿Cuál es la causa? A decir verdad, no existe una única causa. Los traumatismos directos sobre el hombro, las caídas sobre las manos o los codos, los desequilibrios musculares, las posturas incorrectas y algunas anomalías congénitas del acromion, suelen ser las causas más comunes.

El tratamiento con fisioterapia es especialmente útil en caso de traumatismos, caídas y desequilibrios musculares y posturales, puesto que la relajación de los músculos sobrecargados y el fortalecimiento de los débiles favorece el recentraje articular y, por ende, su correcta función; normalizando el cuadro sintomático.

En los casos en los que la causa es un defecto congénito del acromion, la solución suele ser quirúrgica; cumpliendo la fisioterapia un papel meramente paliativo y de recuperación pre y postoperatoria.

Asimismo, y en cualquiera de los casos, en las fases agudas del proceso, sea cual sea su causa; el tratamiento médico con antiinflamatorios u otros medicamentos, así como las infiltraciones, prescritos debidamente por un facultativo; pueden ser de utilidad.


LA PROPIOCEPCIÓN II
De Antonio Javier Trujillo [Fisioterapeuta y Osteópata]

Tal y como os contamos en el artículo de abril, la propiocepción es una herramienta crucial con la que cuenta nuestro sistema nervioso a la hora de posicionarnos en el espacio y relacionarnos con nuestro medio interno. A través de una serie de “sensores” repartidos por todo el cuerpo, mantiene informado a nuestro cerebro, participando indirectamente en procesos como la coordinación o el equilibrio.

Cuando se produce una lesión, -como un esguince o un rotura muscular-, estos receptores específicos, que se encuentran “infiltrados” por todo el tejido afectado, también resultan dañados; viéndose alterada la información enviada al cerebro y por ende, su función.

Al no recibir una información de entrada (input) adecuada, el cerebro realiza una mala interpretación del estado y función de los elementos dañados, llevando a cabo una respuesta (output) inadecuada, basada en información errónea.

Esta situación favorece la repetición y/o cronicidad de una misma lesión. Un ejemplo típico es el del esguince de tobillo de repetición o crónico, comúnmente conocido como “esguince mal curado”, en el que la falta de una adecuada actividad propioceptiva altera la percepción del sistema   nervioso, modifica la coordinación de los elementos estabilizadores de la articulación del tobillo; y favorece la continua repetición del mecanismo productor del esguince, con torceduras que se repiten una y otra vez.

La fisioterapia en general y la reeducación propioceptiva en particular, suponen la herramienta perfecta en el tratamiento y prevención de este tipo de alteraciones, reequilibrando la musculatura implicada, reforzando con entrenamiento aquellos músculos que se presentan débiles, relajando aquellos con presencia de contracturas, mejorando y controlando la correcta cicatrización de la estructura lesionada; y entrenando de manera específica nuestros propioceptores para que vuelvan a informar al cerebro de manera adecuada.

Para finalizar, es importante destacar que en la mayoría de los casos la reeducación de la propiocepción, por razones obvias, se lleva a cabo en fases avanzadas del proceso rehabilitador, lo que en muchos casos implica que los síntomas principales de la lesión como el dolor o la limitación de movilidad asociados, ya no están presentes. Esto hace que muchos pacientes, al no percibir síntomas, abandonen el proceso rehabilitador antes de tiempo, sin que se haya completado adecuadamente la recuperación de los receptores propioceptivos; lo que por lo general y a la larga, suele acabar en la repetición de la lesión.

Recordad por lo tanto, que aunque no podamos sentirlos, estos pequeños receptores están ahí, que cualquier lesión los dañará y que su reeducación es igual de importante que la de la propia estructura lesionada; pues su correcta recuperación nos ahorrará problemas en el futuro.


LA GIMNASIA ABDOMINAL HIPOPRESIVA (GAH)
De Mª Ángeles Nieto Vega [Fisioterapeuta y Osteópata]

La Gimnasia Abdominal Hipopresiva (GAH) es una técnica novedosa reconocida como tal en la que por medio de la práctica de vacío abdominal en apena espiratoria, elongación axial del conjunto de la columna y apertura costal,  conseguiremos una disminución de la presión intraabdominal la cual nos proporcionará diversos beneficios.

Ya hace 3000 años a.C., los “yoguis” practicaban una técnica similar denominada uddiyana Bhanda, que es una contracción diafragmatica con apertura costal con la que intentaban conseguir movilizar la energía y descongestionar a nivel visceral y arteriovenoso. En la actualidad lo utilizamos como método postural, educación respiratoria, movilización neurodinámica y trabajo de suelo pélvico.

El término hipopresivo se define como “baja presión”. Hoy en día tenemos una educación en ejercicios abdominales tradicionales, a través de los cuales, creamos un aumento de presión abdominal, son los denominados “hiperpresivos”. En caso de tener algún tipo de disfunción visceral, como por ejemplo una hernia abdominal o prolapsos uterinos, ese aumento de presión hará que el contenido de la hernia protruya aún más; en cambio, con el trabajo hipopresivo, conseguiremos contener el contenido visceral por medio de esa disminución de presión e incluso podremos reeducar nuestro abdomen para adquirir un aumento de la fuerza en la faja abdominal.

La GAH es una práctica física de bajo impacto que gracias a la guía que te proporciona un especialista en la materia te aportará múltiples beneficios tales como:

Bienestar físico.

Mejora la flexibilidad y fuerza corporal.

Aumenta la capacidad respiratoria.

Mejora el estado de todo tipo de hernias: vaginales, rectales, abdominales, inguinales, vertebrales y de hiato.

Mejora la postura.

Reduce el perímetro abdominal.

Mejora el retorno arteriovenoso.

AL igual que otro tipo de disciplinas tales como yoga o Pilates, en la práctica de GAH debemos tener una elevada concentración mental para la correcta ejecución de la práctica, de esa manera, obtendremos una perfecta conexión cuerpo-mente que nos permitirá estar en equilibrio. 


LA PROPIOCEPCIÓN I
De Antonio Javier Trujillo [Fisioterapeuta y Osteópata]

El mes pasado os hablamos sobre los interioceptores, esos otros sentidos que monitorean todo lo que ocurre en el interior de nuestro organismo y mantienen al cerebro informado en todo momento.

Hoy os hablaremos sobre uno de estos “sentidos especiales”: la propiocepción, cuyos pequeños sensores especializados, los propioceptores;  informan al sistema nervioso central acerca de la posición relativa de los distintos elementos del aparato locomotor. Dicho de otra forma, le dicen al cerebro, en qué posición se encuentra una articulación con respecto a las demás, cuánto se ha estirado un ligamento o un músculo en un determinado movimiento, o cuál es, por ejemplo, la presión de la cápsula articular en un punto dado. Todo esto, de manera simultánea, coordinada y en décimas de segundo.

De esta forma, el cerebro puede “visualizar” la posición relativa de todos los elementos que conforman el aparato locomotor, haciéndose una idea global de la posición real de todo el conjunto, pudiendo así responder de manera eficaz con las correcciones oportunas en cada caso.

Todo el sistema en conjunto, hace al sistema nervioso central más capaz ante cualquier eventualidad que pudiera surgir, y permite al organismo ser más eficiente, desde una perspectiva energética, en cada movimiento; lo que a su vez se traduce, en términos biológicos,  en más posibilidades de supervivencia para el organismo.

Un experimento sencillo e interesante para apreciar mejor el papel de la propiocepción en el organismo, consiste en, cerrando los ojos; tocarte la punta de la nariz con un dedo. Si tu propiocepción es adecuada, verás que una y otra vez tu dedo índice toca correctamente la punta de tu nariz, incluso aunque estires el codo de manera sucesiva, o cambies la posición del hombro.

Si lo piensas un poco, y aunque de entrada pueda parecer un movimiento tremendamente sencillo; verás que para que la punta de tu dedo toque la superficie correspondiente a la punta de tu nariz; el cerebro debe realizar ajustes altamente específicos, controlando casi al milímetro la angulación de tu codo, hombro y muñeca; estabilizando tu dedo; controlando la tensión muscular al detalle para que tu dedo se pose suavemente en tu nariz; etc. Y para ello, debe conocer en todo momento la posición de todos los elementos que intervienen en el  movimiento. Dicho de otro modo, si tu cerebro no conociese exactamente la angulación de tu  codo y hombro, no podría calcular la distancia a recorrer hasta tu nariz, y el dedo índice iría a parar a cualquier otra parte de tu cara, o incluso fuera de ésta; o acabaría realizando demasiada presión, o tan poca; que ni siquiera llegaría a tocar tu cara.

Los propioceptores son por lo tanto un elemento fundamental para el sistema nervioso. Son “los ojos” de éste en el interior del organismo y cuando se lesionan, lo que ocurre siempre que se lesiona la estructura en la que se encuentran alojados –tendones, ligamentos, músculos, etc.–; aspectos tales como la coordinación o el equilibrio se ven afectados y fallan.

Es por esta razón por la que la propiocepción cobra una importancia especial en el ámbito de la fisioterapia, siendo imperativa su rehabilitación y recuperación en la mayoría de las lesiones del aparato locomotor. Pero, sobre esto hablaremos un poco más en el próximo número.


LOS OTROS SENTIDOS
De Antonio Javier Trujillo [Fisioterapeuta y Osteópata]

Aunque en el colegio nos enseñan que los sentidos son sólo cinco, la verdad es que el cerebro dispone de muchos otros sentidos de los que obtiene información además de los habitualmente conocidos. Sí, el sexto sentido existe. Y el séptimo, y el octavo,... Lo cierto es que hay un montón.

Entonces, ¿cuál es la razón de que sólo conozcamos cinco? La respuesta es sencilla: los cinco sentidos convencionales (vista, oído, tacto, olfato y gusto) son los que permiten a nuestro cerebro relacionarse con el medio externo, con su entorno, y esto los convierte en especialmente detectables: cualquiera puede darse cuenta con facilidad de que si cierra los ojos, no ve; por lo que resulta bastante evidente pensar, que en los ojos están los receptores que permiten la visión.

Sin embargo; nuestro cerebro no sólo necesita relacionarse con su medio externo, también requiere de una estrecha relación con su medio interno; con el resto de estructuras que cooperan con él, lo mantienen con vida y sobre las cuales debe llevar a cabo acciones rápidas, precisas y eficientes. De dichas acciones puede depender la supervivencia del organismo, por lo que se entiende la importancia de esta estrecha relación.

Estos sentidos menos conocidos, disponen de una red de “sensores” repartidos por todo el organismo, que forman parte del sistema nervioso y cuya única función es mantener al cerebro informado en todo momento de todo cuanto acontece en su “territorio”. Sí, nuestro organismo es como el Gran Hermano de Orwell: el cerebro que todo lo ve.

Aunque la analogía pueda parecer una exageración, no lo es. Existen “sensores” para todo: Unos detectan la posición articular o la tensión y posición de las fibras de músculos, ligamentos, tendones o cápsulas articulares (propioceptores); otros detectan cambios de la presión arterial a través de la detección química de ciertos gases (quimiorreceptores), o perciben la presión relativa de éstos (presoceptores); algunos se encargan de detectar cualquier señal de alerta de las células que han sido dañadas (nociceptores) y otros hacen lo propio cuando la temperatura interna no es la adecuada (termoceptores).

El desconocimiento de estos receptores, que no son más que células nerviosas que se activan ante un determinado estímulo muy concreto; resulta ahora más lógico. Y es que, a diferencia de la vista o el oído, en este caso no resulta evidente pensar que cuando la tensión arterial ha subido, es a consecuencia de que uno de estos “chivatos” ha detectado que la presión parcial de oxígeno en sangre ha bajado. Es por esto por lo que, a diferencia de los sentidos clásicos, su descubrimiento ha requerido del avance científico para su comprensión.

Así que ya sabéis, el sexto sentido existe y literalmente está en nuestro interior. Sin embargo; se parece más a un sistema de cableado con multitud de sensores informando al unísono, que a la idea espiritual y esotérica, que la literatura y el cine nos han hecho creer.

Lo sé, es menos poético; pero nos mantiene con vida.


EL ESGUINCE DE TOBILLO
De Antonio Javier Trujillo [Fisioterapeuta y Osteópata]

Un esguince no es más que el estiramiento excesivo de algún ligamento del cuerpo. La función de los ligamentos es la de aportar estabilidad al sistema óseo, uniendo entre sí varios extremos óseos pertenecientes a una misma articulación, que de otra forma; no podrían ser estables y realizar un movimiento firme.

Cuando el ligamento es estirado por encima de su capacidad elástica, como en una torcedura –de ahí el nombre comúnmente asociado a esta lesión–; algunas de las fibras del ligamento se rompen perdiendo su continuidad y haciendo que la articulación pierda su estabilidad, de ahí la habitual sensación de inestabilidad, falta de equilibrio, o de fuerza, asociada a esta afección.

La gravedad de la rotura es de carácter variado, pudiendo llegar a romperse de manera completa el ligamento. Sin embargo, esto sólo ocurre en los casos más graves, que son a su vez los más extraños. De manera más habitual, el ligamento suele presentar una rotura parcial, sin pérdida completa de la estabilidad articular.

En el caso concreto del esguince de tobillo, nos estamos refiriendo a la articulación tibiotarsiana, o lo que es lo mismo, a la articulación formada por el extremo más distal de la tibia y el hueso astrágalo del pie. Aunque dicha articulación presenta diversos ligamentos que la estabilizan, hoy hablaremos sobre el esguince del ligamento lateral externo (LLE) del tobillo, pues estas torceduras suponen aproximadamente el 90% de los casos de esguinces en el tobillo.

El mecanismo lesional de esta lesión es el habitual, con un movimiento forzado y brusco en el que la punta del pie se dirige hacia la línea media corporal (hacia dentro), provocando una abertura de la parte externa de la articulación. Es precisamente en este lugar donde se sitúan los ligamentos que hemos mencionado anteriormente, estabilizando la parte externa de la articulación. El sobreestiramiento provocado por el movimiento forzado del pie, es lo que va a llevar a nuestro ligamento a romperse, sin que éste pueda hacer nada para evitarlo.

Una vez producido el esguince, es importante descartar la presencia de alguna fractura en el tejido óseo. Esto es debido a que sobrepasada la barrera elástica del elemento estabilizador de la articulación, la siguiente barrera física la establece el propio sistema óseo, el cual si no es capaz de soportar la tracción o el impacto; podrá romperse, provocando una fractura. Es por esta razón por la que se recomienda acudir al médico y realizar una radiografía en los momentos posteriores al esguince, en especial si éste ha sido aparatoso o de consideración. Además y en cualquier caso, será interesante la aplicación de frío local, sumado a elevación del pie y cierta compresión; a fin de reducir el edema acumulado.

Posteriormente, será necesaria la rehabilitación, con el fin de relajar la musculatura espasmada en el momento del accidente, reducir el edema restante, mejorar la cicatrización ligamentaria evitando así recidivas, fortalecer la musculatura que deberá suplir la acción ligamentaria, y reeducar la propiocepción y el equilibrio perdidos. Las manipulaciones osteopáticas de las articulaciones implicadas pueden ser de gran utilidad también si éstas se encuentras bloqueadas.

Finalmente, aquellos esguinces de mayor gravedad podrían requerir de estabilización de la articulación con escayola o incluso de intervención quirúrgica en los peores casos, en cuyo caso será necesaria la actuación del personal médico y/o de enfermería correspondiente.


LOS MOVIMIENTOS BÁSICOS
De Joseba Moreno [Preparador Físico]

Los Movimientos Básicos son una manera de categorizar los ejercicios basados en las demandas biomecánicas. Esta categorización hace que el entrenador pueda identificar las posibles debilidades del cliente.

Durante décadas en los gimnasios alrededor del mundo se ha inculcado el concepto de entrenar grupos muscular de forma analítica y aislada; por ejemplo: lunes: pecho/bíceps;  miércoles: espalda/tríceps; viernes: piernas/hombros, etc. Sin saber cómo, muchos entrenadores llegamos a estar de acuerdo con este concepto que proviene del Bodybuidling (culturismo).

Funcional, por definición, significa algo que está diseñado para ser práctico y útil, en lugar de atractivo. Sin embargo; en los últimos años ha surgido como tendencia el uso de materiales “sofisticados o atractivos” independientemente de la complejidad o la especificidad del ejercicio para el deporte.

Los ejercicios básicos de movimientos son simplemente una clasificación que, debido a su popularidad, han formado los fundamentos de la elección de ejercicios.

Hay miles de ejercicios diferentes pero la gran mayoría se rigen por los siguientes patrones: 

  • EMPUJES BÁSICOS (press de banca, flexiones, press militar, etc.).
  • TRIPLE FLEXO-EXTENSION (sentadillas, peso muerto, etc.).
  • TRACCIONES BÁSICAS (remo, dominadas, etc.).

Características de estos movimientos básicos.

Los movimientos básicos deben cumplir siempre tres normas:

-  Organización y estabilización de la zona media.

  • Regla de una única articulación.
  • Leyes de torque.

Las tres fases características de un movimiento básico son:

  1. Posición estable (posición inicial y final coinciden).
  2. Conexión (mantener la fuerza de torsión durante todo el recorrido articular).
  3. Posición estable.

Conclusión.

Clasificamos los movimientos en tres categorías según la demanda de velocidad, recorrido articular y especificidad. Aquí hablamos de los movimientos básicos de primera categoría, los cuales se deben dominar si queremos ejecutar los movimientos de segunda categoría minimizando el riesgo de lesiones.


LA EPITROCLEITIS O CODO DE GOLFISTA
De Antonio Javier Trujillo [Fisioterapeuta y Osteópata]

La epitrocleitis o codo de golfista es una inflamación de los tendones de los llamados músculos epitrocleares –flexores de muñeca y pronadores de antebrazo principalmente–, cuyo anclaje o inserción se produce en un relieve óseo del húmero fácilmente palpable llamado epitróclea; localizado en la cara interna de la articulación del codo.

Dado que consiste en la inflamación de un tendón, podemos encuadrar esta patología en el conjunto de las tendinopatías o tendinitis; siendo ésta una de las más comunes en la articulación del codo junto a la epicondilitis o codo de tenista, con la que no debemos confundirla.

Aunque puede ser causada por múltiples causas, habitualmente es debida a movimientos repetitivos de flexión de muñeca, de pronación del antebrazo o de ambos. Por ejemplo, el uso prolongado del ratón o el teclado del ordenador, de determinadas herramientas en ciertas profesiones, o la práctica de ciertos deportes como el lanzamiento de jabalina, el tenis o el golf –de donde deriva su nombre–; pueden provocar esta dolencia.

Sus síntomas suelen iniciarse con un dolor en la cara interna del codo, que en muchos casos puede extenderse a lo largo de la cara anterior del antebrazo, pudiendo llegar hasta la muñeca, la palma de la mano y los dedos en aquellos casos de mayor gravedad. Además, es habitual que el dolor empeore con los movimientos de estiramiento de la musculatura flexora y pronadora del antebrazo, y con aquellos gestos que implican la contracción de dicha musculatura, en especial si se aferra algún objeto. Finalmente, el dolor suele llevar a una limitación de la movilidad de la muñeca y dedos que puede implicar una impotencia funcional en los casos más agresivos.

Otros síntomas son la contractura de toda la musculatura del antebrazo y la inflamación y el edema en el área circundante a la epitróclea, asociada a su vez a una sensación de calor, enrojecimiento y dolor a la palpación en la zona, típicas de cualquier proceso inflamatorio.

En la fase aguda –al inicio del proceso–, es útil el tratamiento antiinflamatorio prescrito por el especialista en medicina, al igual que la aplicación de crioterapia (frio) local.

Una vez estabilizada la patología, la fisioterapia cobra un rol importante en el proceso, aliviando el dolor, descargando la musculatura contracturada implicada y activando mecanismos de regeneración en el tendón que permitan una correcta cicatrización de éste, evitando así recidivas.

Finalmente y de manera puntual, en algunos casos de mayor gravedad, la cirugía puede ser necesaria. De la misma forma, en ciertos casos el facultativo podrá prescribir diversas infiltraciones tales como los corticoides o el plasma rico en plaquetas (PRP).

En cualquier caso y como siempre, la prevención será la mejor solución. En este sentido, estirar la musculatura mencionada después de la realización de actividades laborales y deportivas de riesgo; así como mantener dicha musculatura en un estado óptimo, sin contracturas, acortamientos o retracciones; nos ayudará a evitar la aparición de esta incómoda dolencia.


LA FASCITIS PLANTAR
De Laura Trujillo [Podóloga]

La fascia plantar es una estructura fibrosa localizada en la cara plantar del pie, que va desde el calcáneo (situado en el talón) hasta los metatarsianos (huesos que se sitúan en la parte anterior del pie). Dicha estructura tiene un papel muy importante durante la marcha; y es que, entre otras cosas, va a ser la encargada de dar estabilidad al pie sosteniendo el arco plantar. Cuando la fascia se sobrecarga y se inflama se produce lo que llamamos fascitis plantar. Como consecuencia de ello aparece dolor agudo que suele localizarse en la zona interna del talón o en el recorrido de la fascia llegando a ser bastante molesto e invalidante. El dolor suele ser más intenso cuando se dan los primeros pasos de la mañana y suele ceder con la actividad pudiendo reaparecer al final del día. Este problema, que se estima afecta alrededor del 10% de la población, puede afectar a cualquier tipo de pie, independientemente de cuál sea la forma de caminar del individuo, aunque se cree que hay mayor predisposición en los pies pronados. En muchas ocasiones la lesión se cronifica produciéndose entonces la degeneración de la fascia plantar.

En cuanto al tratamiento conservador de la fascitis tienen mucha importancia los soportes plantares (plantillas). Con ellos, y tras realizar una adecuada exploración del pie y la marcha del paciente, conseguimos dar estabilidad al pie eliminando o disminuyendo el exceso de tensiones que pueda estar sufriendo la fascia plantar. Así pues, eliminamos el agente lesional favoreciendo la recuperación y remisión del problema e incluso podemos llegar a prevenir la aparición de la fascitis antes de que ésta llegue a producirse.   


LA POSTURA CORPORAL
De Joseba Moreno [Preparador Físico]

Es importante conocer la relevancia y repercusión que tiene la postura corporal en nuestra salud. La posición de nuestro cuerpo va a determinar nuestra forma de movernos y la cantidad de esfuerzo al que sometemos a nuestras articulaciones y músculos diariamente.

El cuerpo humano consiste en la correcta alineación de sus diferentes componentes para un adecuado funcionamiento del mismo. Si hay un mal alineamiento presente en el cuerpo es importante que no afecte a sus estructuras ni durante el movimiento (ya sea realizando actividad física o simplemente caminando), ni en estático (estando sentados o de pie muchas horas); ya que podría dañarse.

Pero, ¿Qué es la postura?

“Postura no es una posición, sino un patrón dinámico de reflejos, hábitos y respuestas adaptativas a cualquier cosa que te haga ser más o menos recto y funcional”.

La postura también es más que la suma de todo lo anterior, es la forma en la que vives, la manifestación física de tu zona de confort.

Nos sostenemos y nos movemos habitualmente de maneras que sirven a las necesidades sociales y emocionales, diferenciando comportamientos en los que la postura puede ser sumisa o dominante, feliz o triste, valiente o miedosa, apática o tensada.

“Los retos de cambiar la postura van más allá de lo que pretendamos hacer musculoesqueléticamente hablando”. Greg Lehmann. 

Una postura adecuada depende del correcto funcionamiento de las estructuras músculo-esqueléticas y osteoarticulares que conlleva una alineación ideal facilitando un movimiento óptimo.

Como menciona Greg Lehmann, diferentes estudios demuestran que hay muchos aspectos que influyen en la actitud corporal tales como el entorno, el estado anímico, gestos repetitivos, etc. Todo esto tiene consecuencias no solamente estructurales, sino que afecta a aspectos como pueden ser la comunicación no verbal, ya que la mitad de nuestro mensaje cuando nos comunicamos con los demás es expresado a través del lenguaje corporal; así como a la capacidad pulmonar, función cognitiva, nivel de hormonas sexuales, hormonas relacionadas con el estrés, circulación, autoconfianza, predisposición a lesionarse, etc. Éstas son sólo algunas de las consecuencias que puede tener una mala postura en nuestro cuerpo.

El diseño del cuerpo humano se presta a sus funciones principales: locomoción: caminar, correr, saltar,… desplazarnos en definitiva; y manipulación: lanzar objetos con las manos para tareas como la caza cuando no contábamos con supermercados, manipular los alimentos, las herramientas, etc.

Al mismo tiempo, la inteligencia del propio cuerpo provoca que se adapte exactamente tanto a lo que haces como a lo que no, por lo que si estás mucho tiempo sentado te hará el mejor en estar sentado. Por eso, cuando tenemos una articulación inmovilizada por una lesión durante un cierto periodo de tiempo, nos cuesta recuperar la movilidad, porque el cuerpo piensa que la nueva función de esa zona lesionada es no moverse. 

Una vez dicho esto, es comprensible que después de estar mucho tiempo sentados nos cueste movernos, ya que la silla es una “escayola” a la que tu cuerpo se ha acostumbrado. Teniendo en cuenta que hay personas que trabajan ocho horas en una oficina y después van a casa a seguir sentados o van al gimnasio a “machacarse” en máquinas, sentados y con movimientos guiados, sería interesante atajar el problema desde la raíz y preguntarse: ¿Qué hago a diario para tener esta mala postura? ¿Puedo trabajar en diferentes posturas para que mi cuerpo no se acostumbre sólo a una? ¿Puedo enseñarle a mi cuerpo movimientos nuevos para que encuentre su posición ideal o favorita y que no me duela nada?

Para la corrección postural se usan una serie de técnicas que ayudan a “colocar” los músculos y articulaciones en equilibrio. Existen diferentes métodos para ello, desde la toma de conciencia y autocorrección consciente, el ejercicio físico o el trabajo de fisioterapia. Todas ellas van encaminadas a la recuperación de la postura y son esenciales para una higiene postural óptima.


EL SIGNO DE MUSSET
De Antonio Javier Trujillo [Fisioterapeuta y Osteópata]

Este mes quiero contaros una historia, que si bien no es específica del mundo de la fisioterapia, constituye una curiosidad histórica de la medicina.

El Signo de Musset es un signo clínico, habitualmente asociado a la insuficiencia aórtica, que se caracteriza por subidas y bajadas rítmicas de la cabeza en consonancia con el latido cardíaco, especialmente evidentes cuando el paciente permanece quieto, dando la sensación de que éste está saludando con la cabeza.

Recibe su nombre del poeta y dramaturgo francés de principios del siglo XIX, Alfred de Musset, quien padecía aortitis sifilítica, una enfermedad de transmisión sexual que por aquella época    –nos situamos en el romanticismo–, estaba de moda y era considerada signo de intensa actividad “amorosa”, tratándose a los que la padecían como a dandis o conquistadores. Tal era la tendencia, que muchos hombres imitaban el movimiento con el fin de mejorar su imagen en sociedad.

Sin embargo, la realidad era otra. La aortitis sifilítica es una inflamación de la arteria aorta, causada por la sífilis, que en última instancia provoca una insuficiencia aórtica. Ésta, como su nombre indica, hace que la arteria aorta sea insuficiente a la hora de propulsar la sangre desde el corazón hacia la cabeza, lo que acaba provocando el “baile arterial” característico del Signo de Musset.

Evidentemente, este hecho era desconocido en la época y no es hasta años después, cuando el médico parisino Armand Delpeuch, al leer la biografía de Musset, escrita por su hermano Paul; detecta algo en un fragmento del libro que atrae su atención.

En él, Paul describe una escena matutina en la que Musset desayuna con él y con su madre. A lo largo del desayuno, ambos  detectan en Musset un movimiento rítmico de su cabeza, poniéndolo de manifiesto. A lo que Musset responde colocando varios de sus dedos en su cuello y diciendo: “Ves, esta terrible enfermedad se cura mediante un método que no sólo es simple sino también barato”; haciendo que el “baile” rítmico de su cabeza se detuviese.

Delpeuch se dio cuenta de que cuando Musset presionaba las arterias de su cuello, al limitar el paso de la sangre y no transmitirse el pulso, la cabeza dejaba de moverse; lo que lo llevó a asociar dicho movimiento a la insuficiencia aórtica y a apellidar al signo como el poeta protagonista del libro, tal y como ha llegado a nuestros días.

Por su parte, Musset como buen romántico murió joven y sin saber que el síntoma que padecía llevaría su nombre. Irónicamente y pese a escribir multitud de obras, hoy es recordado por la enfermedad que padeció.


HABLAMOS SOBRE LA DIABETES
De Laura Trujillo [Podóloga]

La diabetes es una enfermedad crónica en la que tiene lugar una alteración en la producción de insulina, una hormona producida por el páncreas que se encarga de mantener estables los niveles de glucosa (azúcar) en sangre. Cuando su producción no es adecuada, ésta se eleva (lo que se conoce con el nombre de hiperglucemia), ello conduce a la aparición de enfermedades cardiovasculares, enfermedades renales crónicas, alteraciones oculares, y de miembros inferiores.

Actualmente, esta enfermedad afecta a más de 422 millones de personas. Su elevada mortalidad, su elevado impacto y el alto coste que supone la convierten en un problema de salud público que debe ser abordado multidisciplinariamente con la finalidad no sólo de tratar la enfermedad, sino también de prevenirla. Las estrategias de promoción de salud se hacen más que necesarias y el mensaje que debe llegar a la población debe centrarse en la modificación de factores de riesgo potencialmente negativos para el desarrollo de la enfermedad.

La obesidad y la inactividad física son dos factores de exposición fuertemente asociadas a la prevalencia de esta enfermedad. Por ello, la base fundamental del tratamiento de la enfermedad para evitar la aparición de complicaciones se basa en 4 pilares: Dieta, ejercicio, medicación (si procede) y educación diabetológica.

1. Dieta: Constituye un elemento básico para la prevención y tratamiento de la diabetes. Ha de estar focalizada en la obtención del normopeso del individuo, el mantenimiento óptimo de los niveles de glucosa en sangre y el buen control lipídico y de presión arterial. En individuos con diabetes la proporción de ingesta de nutrientes se recomienda como sigue: 50% - 60% ingesta de hidratos de carbono, menos del 30% grasas y 15% de ingesta proteica. Así mismo, se recomienda que la ingesta calórica se corresponda con el grado de actividad física y el peso previo del paciente, manteniendo así un equilibrado balance energético.

2. Ejercicio físico: Tiene un nivel de recomendación alto por ser especialmente beneficioso en paciente diabéticos, ya que no sólo mejora el control glucémico, la respuesta a la insulina y las concentraciones de hemoglobina glicosilada hasta en el 0.6%; sino que también produce una disminución significativa del tejido adiposo visceral y los triglicéridos plasmáticos. Juega por tanto un papel importantísimo para prevenir y controlar la diabetes, la resistencia a la insulina, la prediabetes (a través de la pérdida de peso y la regulación metabólica), la diabetes mellitus gestacional y las complicaciones derivadas de la enfermedad.

3. Medicación: Se diferencian dos tipos fundamentalmente: las insulinas e hipoglucemiantes orales. La insulinoterapia es el tratamiento principal en diabéticos de tipo I y se hace necesario en los tipo II que no pueden controlar su enfermedad con dieta, ejercicio y/o hipoglucemiantes orales.

4. Educación diabetológica: Incluye la información necesaria para que la persona conozca la enfermedad y los mecanismos de control disponibles para mantenerla estable, y por tanto mejora su nivel de independencia.


TIPOS DE ESTIRAMIENTOS Y COMO LLEVARLOS A CABO
De Joseba Moreno [Preparador Físico]

Los estiramientos son la base de un buen plan de entrenamiento. Aplicándolos con la técnica adecuada lograremos preparar nuestros músculos para cualquier tipo de ejercicio, alcanzando una mayor flexibilidad en el proceso. Además, nos ayudarán a lograr nuestros objetivos más eficientemente gracias a la mejora de la movilidad articular y la elasticidad muscular, previniendo todo tipo de lesiones cuando se planean de forma específica con respecto al ejercicio que vamos a realizar. Es por eso que resulta conveniente delimitar los tipos de estiramiento que pueden darse, y detallar a qué tipos de actividad física van dirigidos.

Aunque la importancia de los estiramientos varía según el tipo de entrenamiento, adoptarlos como hábito básico nos producirá una enorme cantidad de beneficios a largo plazo. Si quieres lograr un físico equilibrado y sin peligro de lesiones y contracturas, te recomendamos conocer más a fondo qué tipo de estiramientos pueden beneficiarte según tus necesidades.

Existen dos grandes tipos de estiramiento: dinámico y estático; aunque en la actualidad se dan diversas escuelas de pensamiento que apuestan por la subdivisión y ampliación de estos grupos.

Estiramientos estáticos

Son los que realizamos, en la medida de lo posible, en reposo. En la mayoría de ejercicios estiraremos cada músculo de forma aislada en cierta posición y lo mantendremos durante una cantidad de tiempo, que en muchos casos rondará en torno a un máximo de 30 segundos, dependiendo de nuestra capacidad. Este grupo se subdivide a su vez en estiramientos activos y pasivos. Los primeros los realizaremos de forma autónoma, mientras que en los segundos contaremos con la ayuda de un compañero o compañera.

De cualquier manera, suelen tratarse de una serie de estiramientos relajados que en ningún caso buscan comenzar con la extenuación física propia de cualquier actividad deportiva. Podemos ir un paso más allá mediante la aplicación de estiramientos isométricos, que intentan relajar la tensión en el grupo muscular elegido mediante la aplicación de fuerza en su contra. Este tipo de estiramientos suelen realizarse tras la aplicación de estiramientos estáticos normales, para así lograr un paso intermedio entre la realización de estiramientos estáticos y dinámicos. Métodos como el PNF o Facilitación Muscular Propioceptiva, se basan en la elaboración de series que combinan los estiramientos estáticos e isométricos. Este tipo de estiramiento en el que se realiza una contracción isométrica al mismo tiempo que se lleva a cabo el estiramiento, se está empezando a utilizar como sistema de recuperación post ejercicio, realizando la sesión de estiramiento a partir de las 8h, una vez terminado el entrenamiento.

Estiramientos dinámicos

En este tipo de estiramientos, avanzamos hacia un nivel más específico de preparación física mediante movimientos de impulso. Se trata de estiramientos con movimientos muy activos, en ocasiones con saltos y oscilaciones rápidas que buscan preparar a los grupos musculares para el esfuerzo posterior.

Este tipo de estiramientos serán aplicados en casi todos los casos al principio de la actividad y tras la realización de estiramientos estáticos, ya que intentan activar al máximo nuestra fisiología para que el cuerpo no sea sobrecargado con una gran cantidad de esfuerzo en frío. Por lo tanto, un buen estiramiento dinámico es aquel que se asemeja relativamente a la práctica que realizaremos más tarde. Movimientos de desplazamiento, saltos o carreras cortas son algunos de los estiramientos dinámicos más comunes.


LA PUNCIÓN SECA
De Antonio Javier Trujillo [Fisioterapeuta y Osteópata]

La punción seca es una técnica de fisioterapia, considerada de carácter mínimamente invasiva, que consiste en la punción de uno o varios puntos gatillo miofasciales (PGM), alojados en el interior de una banda tensa muscular, con una aguja similar a la usada en acupuntura; con el objetivo de liberar dicha banda tensa y eliminar el mencionado punto gatillo.

La principal característica de esta relativamente novedosa técnica, es que como su nombre indica, es seca, o lo que es lo mismo; en su aplicación no interviene ningún agente de tipo químico (no se inyecta ninguna sustancia). En su lugar utilizamos un estímulo de tipo mecánico (físico), a través de una movilización más o menos rítmica llevada a cabo con la aguja en el interior del músculo que se va a tratar.

Gracias a este estímulo mecánico, provocamos una especie de espasmo brusco de la banda tensa que ha sido puncionada, conocido como Respuesta de Espasmo Local (REL), gracias a la cual, se genera una relajación de la banda tensa y una disolución del PGM alojado en su interior; lo que a su vez elimina el dolor local y/o referido derivado del mencionado punto gatillo.

Pero para entender mejor como funciona esta técnica, debemos entender un poco mejor, en qué consisten el punto gatillo miofascial y la banda tensa:

El tejido muscular está constituido por una serie de fibras musculares (o células musculares) alargadas, que se agrupan en paquetes de fibras constituyendo lo que se conoce como fascículos musculares. Cada fascículo muscular está envuelto en una capa de tejido conjuntivo (o fascia)  conocido como perimisio. A su vez, la agrupación de varios fascículos musculares, conforma lo que externamente identificamos como el músculo, envuelto igualmente por otra capa de tejido conjuntivo, llamado en este caso epimisio, que envuelve el conjunto del músculo. 

En condiciones normales, cada fibra muscular actúa de manera armónica y sinérgica con sus homólogas, contrayéndose y relajándose al unísono; y de la misma forma, cada fascículo hace lo propio con el resto de fascículos de un mismo músculo. Así, una serie de pequeños movimientos coordinados a nivel microscópico, generan un movimiento global y armónico a nivel macroscópico.

Sin embargo; en determinadas situaciones y tras una contracción, algunos de estos grupos de fibras o fascículos quedan contraídos de manera indefinida, generando una descoordinación en el proceso normal de la contracción muscular, y provocando la aparición palpable de unos cordones musculares conocidos como bandas tensas.

Al quedar contraídas de manera permanente, el aporte de nutrientes y la eliminación de los desechos celulares de estas fibras, se ve reducido, provocando una acumulación de sustancias irritativas para dichas fibras y la formación a medio plazo de un pequeño nódulo, a menudo del tamaño aproximado de un grano de arroz, conocido como punto gatillo miofascial.

Este nódulo es especialmente sensible a la palpación y generalmente provoca dolor local y /o referido (a distancia), lo que a veces hace que se confunda con otras patologías.

La punción seca, por tanto; permite al fisioterapeuta puncionar la banda o bandas tensas de un músculo con el fin de relajarlas, eliminando la contracción mantenida de las fibras afectadas y de paso, el PGM, el conflicto trófico a nivel celular, y por supuesto; el dolor a nivel local y a distancia generado por dicho PGM.

Finalmente hay que mencionar, que aunque la utilización de esta técnica no siempre es imprescindible, y aunque existen otras terapias menos invasivas con las que también se pueden tratar los puntos gatillo y las bandas tensas; la punción seca supone una magnífica opción en el tratamiento de estas dolencias del sistema muscular, siendo selectiva y efectiva; y permitiendo llegar a tejidos profundos a los que de otro modo no sería posible llegar.


EL SÍNDROME DEL TÚNEL DEL TARSO
De Laura Trujillo [Podóloga]

El síndrome del túnel del tarso es una neuropatía por atrapamiento del nervio tibial posterior o de sus ramas, dentro del túnel del tarso. Esta patología, que se diagnostica regularmente, da lugar a una serie de síntomas que pueden afectar a otros niveles del pie.

Pero, ¿Qué es el túnel del tarso? Se trata de una estructura fibro–ósea situada debajo y detrás del maléolo interno, en el tobillo. En su interior se encuentran estructuras como el tendón del músculo tibial posterior, el tendón del músculo flexor largo del dedo, la arteria y la vena tibiales posteriores, el nervio tibial posterior y el tendón del músculo flexor largo del primer dedo.

Las causas del síndrome del túnel tarsal, pueden ir desde osteofitos, tendinopatías o ensanchamientos venosos; hasta tumores como el lipoma, el neurilemoma o el osteosarcoma; pasando por  lesiones que afecten a las estructuras que atraviesan el túnel del tarso, deformidades del arco longitudinal interno del pie, artropatías inflamatorias o traumatismos como los esguinces o las fracturas.

De gran importancia en este síndrome, son las alteraciones de la marcha y la pisada, destacando especialmente las deformidades del retropié en varo o en valgo, la hiperpronación y el pie plano.

Sus síntomas asociados son el dolor a la palpación directa sobre el túnel del tarso, que se irradia hacia el arco longitudinal interno y cara medial del talón; unido a opresión, ardor o quemazón y sensación de hormigueo y entumecimiento.

Estos síntomas son exacerbados por actividades tales como estar de pie o caminar de forma prolongada, pudiendo aparecer con frecuencia durante la noche. El reposo y la elevación de la pierna suelen aliviar los síntomas.

El tratamiento de esta patología debe ir dirigido a la causa específica que la provoca, de este modo conseguiremos mayor número de resultados positivos. Dentro de las opciones de tratamiento incluimos las ortesis plantares (plantillas), que son de gran ayuda para reducir la presión excesiva a la que está sometido el nervio.

Otros tratamientos incluyen fisioterapia, medicación antiinflamatoria, reposo y aplicación de hielo, llegando incluso en casos graves a ser necesaria la inmovilización con una férula nocturna y/o bota “Walker”.

Por supuesto, el tratamiento con ortesis plantares, debe ser tenido en cuenta no sólo cuando ya ha tenido lugar la aparición de dicha patología, sino también como tratamiento preventivo; especialmente en pacientes con deformidades en el pie o alteraciones en la marcha.


EL ENTRENAMIENTO DE LA FUERZA
De Joseba Moreno [Preparador Físico]

¿Qué es la fuerza aplicada al deporte?

Podemos responder a esta pregunta desde diferentes perspectivas:

Desde el punto de vista de la MECÁNICA es la capacidad de la musculatura para deformar un cuerpo o para modificar la aceleración del mismo.

Desde el punto de vista FISIOLÓGICO, la fuerza se entiende como la capacidad de producir tensión, que tiene el músculo al activarse.

Por otro lado, la TENSIÓN MUSCULAR definida desde el punto de vista de la mecánica, se centra en el efecto externo, generalmente observable o medible, producido por la acción muscular o por la acción de la gravedad, lo que ocurre una vez que se ha aplicado la fuerza.

El concepto fundamental, es la FUERZA APLICADA, que es el resultado de la interacción entre las fuerzas internas (carga generada por el músculo) y externas (carga a desplazar). En el deporte la fuerza que tenemos que considerar es la fuerza aplicada, porque el rendimiento deportivo depende de la fuerza que aplicamos. La fuerza aplicada es la manifestación externa de la tensión interna generada en el músculo.

RELACIÓN ENTRE FUERZA APLICADA Y RENDIMIENTO.

La fuerza aplicada viene determinada por el tiempo disponible para aplicar la fuerza, de tal manera que cuanto mayor sea el tiempo, más fuerza podremos aplicar. Sin embargo; dicho tiempo tiene un rango a partir del cual la fuerza irá disminuyendo.

A mayor fuerza aplicada, mayor velocidad ante la misma carga, menor tiempo aplicando fuerza, y por tanto; más rendimiento.

En lo que se refiere a la técnica específica (gesto de competición) y la técnica individual; a mayor técnica, más fuerza aplicada, menos tiempo aplicando fuerza, y de la misma manera; mayor rendimiento.

La solución por tanto, es ser capaz de aplicar más fuerza ante la misma carga absoluta. La fuerza aplicada en las condiciones específicas de tiempo y velocidad (gesto específico) será la fuerza útil (fuerza más importante de todos los valores de fuerza máxima que podemos medir). La fuerza útil es, en muchos casos, la fuerza máxima aplicada en el gesto específico de competición, o también la fuerza aplicada que permite la mejora del rendimiento.


EL CÓLICO DEL LACTANTE
De Mª Ángeles Nieto Vega [Fisioterapeuta y Osteópata]

El cólico de lactante es una alteración típica de los bebés en sus primeros meses de vida caracterizado por un llanto intenso y prolongado sin una causa aparente. Normalmente es de origen desconocido aunque existen diferentes hipótesis tales como una disfunción gastrointestinal (gases, estreñimiento, inmadurez del intestino...), psicológico (estrés) y/o alergias o intolerancias alimentarias (mala tolerancia a la proteína de la leche de vaca). Los síntomas característicos son ataques de llanto de mucha intensidad que suelen aparecer al final del día con una posición característica de flexión de muslos sobre el abdomen, puños apretados, cara enrojecida y abdomen tenso. El episodio va desde una duración de minutos hasta horas. Durante su seguimiento, los bebés comen bien y suben de peso con normalidad, además entre las crisis están asintomáticos y sonrientes.

Desde la osteopatía damos un enfoque diferente al cólico del lactante. Las tensiones en la nuca y pelvis en el cuerpecito del bebé después de un parto dificultoso o malposiciones intrauterinas, hacen que los nervios que controlan la función del aparato digestivo (nervios vagos) se vean afectados. Es fundamental descartar cualquier otra patología que pudiese compartir síntomas con el cólico; entre ellas debemos descartar el reflujo gastroesofágico, la estenosis pilórica, las alergias alimentarias y la obstrucción intestinal. Una vez determinado el diagnóstico diferencial, el tratamiento del cólico irá enfocado a liberar los nervios vagos que pueden verse afectos a lo largo de todo su recorrido desde la base de la nuca hasta  las vísceras gastrointestinales destino.

Las maniobras que la osteopatía utiliza son suaves y controladas; trabajaremos sobre la nuca y sacro, boca, paladar y lengua (para asegurar una buena succión), parte anterior del cuello (facilitación de la función deglutora) y finalmente relajación de la zona diafragmática y flexibilización del tubo digestivo del abdomen (mejor salida de gases y materia fecal). En tres sesiones el cuadro debería estar resuelto y la ayuda de los padres con maniobras que les enseñamos en consulta facilitará la recuperación.


ELECTROLÍSIS PERCUTÁNEA ECOGUIADA
De Antonio Javier Trujillo [Fisioterapeuta y Osteópata]

La electrólisis percutánea ecoguiada, habitualmente asociada al tratamiento de tendinopatías y esguinces cronificados o a roturas musculares, y comúnmente conocida por sus famosos nombres comerciales: EPI® (Electrólisis Percutánea Intratisular) o EPTE® (Electrólisis Percutánea Terapéutica); es una innovadora y efectiva técnica de fisioterapia, de carácter mínimamente invasivo, que en términos técnicos consiste en la aplicación ecoguiada de una corriente continua (galvánica) a través de una aguja similar a la de acupuntura, con el fin de provocar un proceso inflamatorio local y una fagocitosis del tejido afecto; estimulando así la reparación de dicho tejido.

Pero, detengámonos un momento. Electrólisis, percutánea, intratisular, ecoguiada, fagocitosis,… Ciertamente entre tanta sigla y tecnicismo puede llegar a ser fácil perderse, así que una vez presentada la técnica, vamos a explicar un poco mejor qué quieren decir todos estos términos.

Una electrólisis, sin entrar en muchos detalles, no es más que un proceso químico en el que una sustancia se descompone por la acción de una corriente eléctrica continua, o lo que es lo mismo, una corriente eléctrica en la que los electrones siempre van en la misma dirección.

La palabra percutánea, no es otra cosa que “a través de la piel”, intratisular, hace referencia al “interior del tejido” (habitualmente músculo, tendón o ligamento), y a lo que nos referimos con ecoguiada es a que la técnica se realiza con el soporte de un aparato de ecografía, con el cual se visualiza la localización de la punción, dando una mayor seguridad y fiabilidad al proceso.

Si lo unimos todo, ya podemos vislumbrar más o menos la realización de la técnica: una fina aguja de acupuntura atraviesa la piel, y llega al interior del tejido afecto, para posteriormente provocar una electrólisis gracias a una corriente eléctrica. Pero, ¿cómo actúa realmente?

Al llevar a cabo la electrólisis o destrucción del tejido afectado, nuestro organismo activa una serie de mecanismos de respuesta ante la “agresión” local que se está produciendo. Estos mecanismos generan un proceso inflamatorio localizado que a su vez favorece un mayor aporte sanguíneo en la zona, dando lugar a la llegada de gran cantidad de células defensivas o glóbulos blancos, que se encargarán de –ahora sí– llevar a cabo la ya mencionada fagocitosis.

La fagocitosis es un mecanismo por el cual nuestros glóbulos blancos ­se “tragan” los restos del tejido que ha sido destruido durante el proceso químico de la electrólisis. Aunque comúnmente asociamos este proceso a la lucha entre nuestras defensas y los microorganismos patógenos, la fagocitosis es utilizada también por nuestra “policía” como mecanismo de limpieza de todo aquello ajeno al organismo o que simplemente ya no tiene utilidad en él.

Así pues y llegados a este punto, si volvemos a hacer un ejercicio de síntesis, una vez la aguja ha llegado a su destino y ha provocado una destrucción y un proceso inflamatorio, nuestro organismo elimina los restos generados en el proceso y como paso final, pone en marcha la reparación del tejido destruido.

Ahora que ya conocemos un poco más cómo funciona la electrólisis percutánea, sólo queda hacerse una última pregunta: ¿por qué destruir un tejido que ya se ha lesionado previamente? Dicho de otro modo, ¿Por qué romper lo que ya estaba roto? Grosso modo, os diré que tiene que ver con un proceso de regeneración deficitario, con un aporte vascular insuficiente y con el tipo de estructura que se forma en el tejido tras una lesión. Pero esto, ya es otra historia…


EL SÍNDORME DEL CORREDOR
De Antonio Javier Trujillo [Fisioterapeuta y Osteópata]

Este síndrome, también conocido como “síndrome de la cintilla iliotibial” o simplemente “rodilla del corredor”, consiste en la aparición de dolor en la cara externa de la rodilla, provocado por una fricción repetitiva del tendón de la cintilla iliotibial contra la cara lateral del hueso de la rodilla (cóndilo externo del fémur), que provoca la inflamación de la zona.

Además, unidos al dolor y la inflamación, pueden aparecer puntos gatillo miofasciales en todo el recorrido de la cintilla y contracturas musculares en la musculatura asociada, con lo que el dolor a veces puede extenderse a otros lugares cercanos.

Aunque es una lesión muy típica en corredores de fondo –de ahí su nombre–, a veces también aparece en otras actividades deportivas, como el ciclismo; o incluso en algunas actividades laborales que requieren de movimientos repetitivos de la rodilla.

Si bien el tratamiento antiinflamatorio y la fisioterapia serán fundamentales para la recuperación de este síndrome, en algunos casos será necesario realizar un estudio biomecánico por parte de un podólogo, dado que un mal apoyo podal o una dismetría de los miembros inferiores, pueden predisponer a padecer dicho síndrome.

Por otro lado, la prevención será siempre fundamental, para lo cual se recomienda un fortalecimiento de los músculos implicados en la separación de la cadera: tensor de la fascia-lata y glúteo medio, el uso de un adecuado calzado durante la carrera y el de órtesis plantares en caso de ser necesario.

Finalmente y en cualquier caso, si sientes dolor en la cara externa de la rodilla, en especial si eres corredor, recuerda que la aplicación de frío local en los primeros días, es importante para reducir la inflamación y así evitar un posterior empeoramiento; y si el dolor no remite, acude a tu médico o fisioterapeuta, pues no siempre un dolor en la cara externa de la rodilla, será indicativo de un síndrome del corredor.


EL NEUROMA DE MORTON
De Laura Trujillo [Podóloga]

El neuroma de Morton, también conocido como neuroma plantar o neuralgia de Morton, es una lesión que afecta al nervio digital plantar y se localiza predominantemente en el tercer espacio intercapitometatarsal (entre el 3º y el 4º dedo del pie). Dicha lesión, produce la degeneración y fibrosis del nervio, pudiendo llegar a convertirse en una alteración crónica.

Se trata de una patología que aparece con frecuencia en la población, siendo su incidencia mayor en el sexo femenino, pudiendo manifestarse a cualquier edad.

Asociada a esta lesión, aparece una sintomatología muy característica. Dolor intenso y punzante en la parte anterior del pie, con tendencia a irradiarse hacia la cara lateral de uno o más dedos, siguiendo el trayecto del nervio afectado. Así como parestesia (hormigueo) y tumefacción. Dicho dolor tiende a intensificarse durante la marcha, cuando se realizan actividades deportivas y con el uso del calzado alto y de punta estrecha.

Se produce fundamentalmente como consecuencia de la compresión del nervio digital plantar entre las cabezas metatarsales, provocando su irritación y la aparición de cambios como edema y fibrosis en la estructura nerviosa.

Dicha compresión deriva de una sobrecarga mecánica; de manera que las alteraciones en la marcha, en la forma de caminar; van a constituir el principal agente causal en el desarrollo de esta patología. Así, alteraciones como la pronación o la supinación excesiva, el acortamiento de la musculatura posterior, etc.,  deben ser tenidos en cuenta.

En estadios tempranos, esta patología responde bien al tratamiento conservador. La finalidad de éste, será eliminar la sobrecarga mecánica causante del problema. Por ello resulta fundamental que el podólogo realice un estudio biomecánico de la marcha y confeccione plantillas individualizadas que solucionen el problema.

Igual de importante es el uso de un calzado adecuado. Éste, debe ser de horma ancha y pala alta, de manera que el pie no quede comprimido. Además, es especialmente importante que no sobrepase los 4 cm. de altura, ya que de lo contrario estaríamos sobrecargando aún más la zona del antepie y agravando el problema.

También está indicado el tratamiento analgésico oral o la realización de infiltraciones con corticoides (en fase aguda) en la zona afecta, siempre como tratamiento complementario al tratamiento ortopodológico, y siempre y cuando el facultativo lo prescriba.

Si el tratamiento conservador resulta insuficiente y persisten los síntomas, existe la posibilidad de llevar a cabo una intervención quirúrgica; que consiste básicamente en la resección de la parte afectada del nervio. No obstante, la opción quirúrgica debe plantearse siempre y cuando haya fracasado previamente el tratamiento conservador.


ELECTROESTIMULACIÓN INTEGRAL ACTIVA
De Joseba Moreno [Preparador Físico]

El entrenamiento con chalecos de electroestimulación está muy de moda últimamente en el mundo del fitness, se trata de algo muy novedoso y por ello en esta nueva publicación, vamos a intentar explicar brevemente en qué consiste.

En general, son entrenamientos de unos veinte minutos de duración, que se realizan una o dos veces por semana, utilizando un biotraje compuesto por un chaleco con electrodos distribuidos por todo el cuerpo: pecho, abdomen, trapecios, dorsales y lumbares; además de una serie de cinchas con electrodos para cubrir glúteos, piernas y brazos.

La función de dichos electrodos es crear una pequeña contracción muscular a la que nosotros añadiremos una contracción voluntaria previa al comienzo del estímulo. Por lo que estaremos realizando todo tipo de ejercicios adaptados para cada persona según sus objetivos, condición física previa, etc.

La electroestimulación integral activa permite reclutar un mayor número de fibras musculares de las que habitualmente son reclutadas durante una contracción voluntaria, lo que permite retrasar la fatiga muscular (dado que hay un mayor número de fibras activadas), generar y transmitir mayor fuerza en cualquier ejercicio y conseguir una mayor velocidad de ejecución en el movimiento.

Por otro lado, al tener alrededor de 300 músculos requiriendo energía al mismo tiempo, el Gasto Calórico Post Ejercicio ("EPOC" por sus siglas en inglés), provoca un aumento en el metabolismo basal, lo que genera los beneficios de un entrenamiento de alta intensidad por intervalos (“HIIT”); pero al alcance de una persona sedentaria después de un pequeño período de adaptación.

Además esta herramienta es perfectamente complementaria con cualquier otro tipo de actividad física, incluso es posible combinar ambas actividades a través de dispositivos inalámbricos, practicando nuestro deporte favorito al tiempo que usamos los mencionados biotrajes, mejorando así nuestro rendimiento.

¡Espero que después de esta breve explicación, tengáis una visión más clara de esta herramienta y la aprovechéis para manteneros activos de forma saludable!


EL SÍNDROME TEMPOROMANDIBULAR
De Mª Ángeles Nieto Vega [Fisioterapeuta y Osteópata]

Más de uno de nosotros hemos sentido alguna vez un chasquido, dolor, molestia o incomodidad en la articulación de la mandíbula al abrir o cerrar la boca. Esto es lo que se denomina síndrome temporomandibular y ocurre cuando aparece un desequilibrio de función entre la mandíbula en su contacto con los maxilares superiores, a nivel de la articulación (denominada ATM).

El diagnóstico se basa en los síntomas y va desde dolor al tocar la articulación pasando por dolores de cabeza, de oídos, zumbidos, rigidez a la hora de abrir la boca o masticar, problemas de oclusión,chasquidos o el comúnmente conocido bruxismo (“apretar los dientes”). Éste síndrome no es sólo mecánico, sino que puede verse muy influenciado por componentes de ansiedad y/o estrés además de malos hábitos como masticar chicle y por supuesto una mala higiene postural que incite a la mal posición de la ATM e in-fluya en su funcionamiento.

Desde la fisioterapia y la osteopatía trabajamos estas disfunciones de forma manual, aliviando tensiones, descongestionando raíces nerviosas y musculares, mostrando al paciente nuevos hábitos y medios de tratamiento en casa. De todos modos, no todos estos síndromes se tratan únicamente con terapia manual sino que en ocasiones es necesaria la visita al odontólogo que trabajará con el fisioterapeuta en coordinación para solucionar el problema.


EL SÍNDROME TEXT NECK
De Antonio Javier Trujillo [Fisioterapeuta y Osteópata]

Es más que obvio que las nuevas tecnologías han modificado nuestras vidas. Hoy vivimos más y tenemos mayor calidad de vida, gracias a los continuos avances tecnológicos que mejoran la medicina y la cirugía. Sin embargo; derivadas de estas nuevas tecnologías, también aparecen nuevas patologías o un incremento de las ya existentes.

Es el caso de los ordenadores, tablets y en especial de nuestros teléfonos móviles, cuyo uso continuado, puede provocar dolencias en nuestra columna cervical, producidas por el mantenimiento prolongado de una posición del cuello en flexión o protracción (posición adelantada de la cabeza con respecto al resto del cuerpo).

Esto es debido a que dicha posición cervical, pone en tensión todos los elementos posteriores de nuestro cuello. Estas estructuras, entre las que se encuentran músculos y ligamentos, acaban fatigándose, y provocan finalmente las habituales molestias cervicales, que eventualmente; podrán además generar molestias a distancia en los hombros, la espalda o la cabeza. Además, el dolor puede ir acompañado de rigidez y tensión muscular, e incluso en algunos casos, los músculos se adaptan tanto, que puede desaparecer la curvatura normal de la región cervical.

Esta serie de síntomas,  unidos al factor postural derivado del uso de las nuevas tecnologías, es lo que se conoce como síndrome “Text Neck” o síndrome del “cuello de texto”.

El tratamiento de este tipo de dolencias necesitará habitualmente de la fisioterapia para su mejora; sin embargo, será fundamental la corrección del factor postural que está provocando el problema. Así que ya sabéis, uso de las nuevas tecnologías sí, pero con moderación.


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