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[Redacción queenmalaga.es] - 24/06/2020

LA COLECCIÓN DEL MUSEO RUSO ESTRENA LA EXPOSICIÓN ANUAL REALISMO: PASADO Y PRESENTE. ARTE Y VERDAD

En esta muestra se pueden ver obras que abarcan desde el siglo XVIII hasta la actualidad, con una selección de más de 160 trabajos representativos del arte ruso tradicional y el contemporáneo.

La Colección del Museo Ruso estrena la exposición anual Realismo: pasado y presente. Arte y verdad, que se podrá visitar desde ayer, martes 23 de junio, hasta abril de 2021. Esta muestra es una selección de 163 obras, que abarca desde el siglo XVIII hasta la actualidad, y en la que se podrán ver las diferencias y similitudes entre la creación artística rusa tradicional y la contemporánea. En total, esta selección está compuesta por 145 óleos; 16 esculturas y 2 vídeos. La exposición está dividida en cinco áreas temáticas: Naturaleza muerta; Retratos; Interior; Escenas de la vida y Paisaje. En la sala se podrán ver los trabajos de Erikssen, Venetsianov, Repin, Shiskin, Savrasov Bogdánov Belski, Kustodiev, Serebriakova, Mashkov, Konchalovski Lebedev, Petrov Vodkin Malaguis, Petov, Pestova y Sologub, entre otros destacados artistas.

Las exposiciones anuales de la Colección del Museo Ruso permiten abrir ventanas a la cultura, la tradición o la historia de Rusia a través de las obras de arte. Si en anteriores ocasiones el hilo conductor ha sido un período histórico (Los Románov, Radiante porvenir), un tema transversal (Las cuatro estaciones), y el año pasado estuvo dedicado a las diferentes interpretaciones de la figura de la mujer en el arte ruso, esta exposición se centra Realismo como disciplina artística capaz de superar épocas históricas y representar objetivamente la realidad.

Sin ir más lejos, el realismo es uno de los conceptos más complejos y relevantes de la historia del arte. En Rusia se asocia a menudo con el método creativo característico de la segunda mitad del siglo XIX, cuando el objetivo del artista era hacer visible la vida cotidiana, real, y en particular, mostrar el lado más controvertido por la sociedad. En la actualidad, este estilo artístico ha ampliado su significado, incluyendo tanto las pinturas rupestres como el hiperrealismo del siglo XXI.

Los orígenes del realismo están en la formación que recibían los alumnos de la Academia Imperial de Artes, que fue fundada en el siglo XVIII, y que abogaba por representar las escenas tal y como aparecía en realidad. Las naturalezas muertas, los retratos y los paisajes eran los temas más recurrentes, ya que eran los más demandados para decorar las residencias de aquella época.

A mediados del siglo XIX el discurso artístico cambió y se centró en un realismo más crítico. Los temas representados en esta época eran pocos habituales, como son los “humillados y ofendidos”, que aparecían en la literatura de la época de la mano de Fiódor Dostoievski y otros escritores.  A finales de este siglo, las obras se alejaban cada vez más de la realidad que intentaban representar, adquiriendo el realismo una interpretación más amplia y centrada en las preferencias temáticas y estilísticas de los artistas.

A principios del siglo XX seguían prevaleciendo los recursos figurativos en cuanto a la representación del mundo. Aunque habían experimentado la influencia del impresionismo, fueron muchos los artistas rusos los que volvieron a sus raíces. El icono y el arte popular impregnaron el movimiento neoprimitivista que marcó esta época. En las décadas de 1910 y 1920, los maestros del arte figurativo lograron enriquecer este estilo artístico. Durante este periodo, las piezas artísticas se diferenciaban tanto por la temática como por la gran variedad de técnicas empleadas.  

A partir de 1930 los artistas rusos tuvieron que convivir con el Realismo Socialista como única tendencia posible del arte soviético. Las únicas representaciones permitidas eran las obras realizadas en estricta conformidad con la naturaleza visible o posible. Más tarde, cuando se levantaron las prohibiciones de la censura, los artistas se liberaron gradualmente de la mera copia y expresaron su individualidad más a menudo en cuanto a la elección del tema, el color y la composición.

Las obras de finales del siglo XX y principios del XXI conservan una similitud externa con los objetos reales y el entorno natural, pero su contenido conceptual es radicalmente diferente. Además, las técnicas y los recursos y, en definitiva, los nuevos lenguajes y códigos estilísticos imponen una forma de representar la vida que difiere de las primeras representaciones realistas.

Exposiciones temporales.

Además de la exposición anual, el visitante puede disfrutar en las salas temporales de este espacio de las exposiciones temporales Rompiendo el silencio. El cine mudo en Rusia y Andrèi Tarkovsky. Maestro del Espacio.  

Cine mudo.

La exposición dedicada al cine mudo en Rusia es una selección de obras artísticas que transcienden a la propia imagen y a la estética. Como vehículo de transmisión cultural, el cine ha sido durante décadas un potente medio para atraer al público, bien sea para adoctrinarlo o con un fin lúdico. Lejos de su raíz ideológica, las imágenes promocionales del cine mudo ruso se han convertido con el paso del tiempo en iconos universales. La muestra se completa con producciones estadounidenses e italianas, que darán una visión general sobre el poder de unos símbolos para captar la atención del pueblo. La exposición está compuesta por 111 carteles y una decena de proyecciones de cine mudo.

En la primera década del siglo XX tuvieron lugar las primeras experiencias con los carteles del cine mudo. Desde sus inicios, estos trabajos gráficos se convirtieron en una parte inherente del paisaje urbano, en la plasmación no solo del mundo del cine, sino también de toda una época, siguiendo las corrientes artísticas. Los primeros carteles de cine buscaban complacer a la gran mayoría y se realizaban con distinto rigor y estilo artístico, pero todos se caracterizaban por su alto contenido emocional, apelando a las pasiones exóticas y emociones profundas.

Sus creadores a menudo se inspiraban en la estética de las viñetas «lubok», que empleaban formas vívidas y chillonas. Otro enfoque al que recurrían, muy propio del estilo moderno, consistía en apartarse del título, lo que abría una gran variedad de interpretaciones. Los carteles representaban composiciones impactantes y autónomas, muy acordes con en el espíritu simbolista.

A mediados de la década de 1920 nació una nueva vertiente en la cinematografía soviética: la época de los grandes innovadores, con tres nombres a tener en cuenta, como son Serguéi Eisenstein, Vsevolod Pudovkin y Dziga Vertov. En esos mismos años los carteles de cine se convirtieron en un espacio de experimentación para los jóvenes artistas de la vanguardia soviética, quienes estaban rompiendo con la estética más simplista y tosca de la época anterior.

Artistas de alto nivel artístico y brillante personalidad formaron parte de ese movimiento. Los hermanos Vladimir y Gueorgui Stenberg se convirtieron en los grandes maestros del cartel de cine soviético. Estos artistas tomaron prestados inusuales y rompedores recursos cinematográficos, como es la contraposición de elementos, que se convirtió en la clave de los carteles de cine. La perspectiva inversa y la combinación de planos y volúmenes también se pusieron de moda, o el uso del fotomontaje, algo en lo que destacó especialmente Antón Lavinski. También conoció un gran desarrollo el uso de las tipografías en carteles desprovistos de objetos. En esa última tendencia destacan especialmente las obras de Mijaíl Veksler, alumno de Kazimir Malévich.

No obstante, los carteles que ponían el foco en la imagen de los actores preferidos por el público continuaban siendo los más demandados. Los rostros de las estrellas de cine sonreían desde estos carteles donde se los representaba en clave realista o deformados, como se puede ver en los trabajos del artista Nikolái Prusakov. Todos ellos elevaron el género de los carteles de cine a su máximo nivel, convirtiéndolo en parte del legado del arte universal.

Andrèi Tarkovsky.

En el Espacio 3 se puede ver una muestra sobre el director de cine Andrèi Tarkosvky, una de las figuras más importante de la filmografía universal y uno de los artistas rusos más influyentes del siglo XX. Fue el precursor de técnicas innovadoras en el cine de la época, añadiendo procesos en el montaje para hacer más dinámica la película. La exposición está compuesta por más de un centenar de piezas entre los fotogramas de sus películas e imágenes reveladoras de sus trabajos, fotografías del proceso de rodaje y lienzos realizados por él mismo.

Tarkovsky el precursor de técnicas innovadoras en el cine de la época, añadiendo procesos en el montaje para hacer más dinámica la película. Consideraba el cine como una obra de arte total y este principio le acompañaba en cada proceso del trabajo. Fue un director exigente y riguroso, que dejó un sello muy personal en la filmografía del siglo XX a través de las siete películas que dirigió a lo largo de su vida.

En la exposición Andréi Tarkovsky. Maestro del espacio el director de cine se presenta más bien como un artista plástico. Esta visión se muestra a través de las imágenes de sus películas y en las fotografías tomadas durante los rodajes. En esas escenas, Tarkovsky ejerce un control absoluto del trabajo, creando una atmósfera única que envolvía a todos los que participaban en ese proceso creativo.

La trayectoria de Tarkovsky como creador incluye también cortometrajes y documentales, obras radiofónicas y teatrales. En esta exposición se pueden ver fotografías que documentan sus largometrajes más importantes: La infancia de Iván, Andrei Rublev; Solaris y El espejo; Stalker, Nostalgia y Sacrificio. Una parte especial de esta exposición la ocupan las obras pictóricas elaboradas por el propio Tarkovsky. En ellas se percibe la capacidad que tenía para organizar el espacio más allá del plató de rodaje.  Su vida estuvo marcada por claroscuros: del reconocimiento internacional en importantes festivales de cine al sufrimiento por la enfermedad y el exilio durante sus últimos años de vida.

Jornada de puertas abiertas.

Durante el fin de semana del 27 y 28 de junio, la Colección del Museo Ruso celebra una jornada de puertas abiertas para que los visitantes que lo deseen puedan conocer la nueva exposición anual Realismo: pasado y presente. Arte y verdad. La entrada a esta exposición será gratuita en el horario habitual del museo, que es de 9:30 a 20:00 horas. Durante los dos días, se contará con mediadores en la sala expositiva para que el usuario que lo desee podrá consultar las dudas y curiosidades de esta muestra.

Dossier Exposición.